
MI HISTORIA

Nací en Quito, Ecuador, el 3 de marzo de 1999 (sí, eso oficialmente me hace tener 26 años), y desde siempre fui esa persona tranquila, observadora y sensible que prefería escuchar antes que hablar. De chiquita ya me encantaba escuchar a los demás (nivel podcast humano), y con el tiempo me di cuenta de que esa forma de ser no era casual: era parte de mi propósito. De mi adolescencia no me acuerdo de mucho… salvo del pequeño detalle del divorcio de mis papás. Eso sí que me marcó fuerte y, la verdad, bloqueó bastantes memorias de esa etapa. Había veces en que no entendía por qué no podía recordar a mis profesores como lo hacían mis amigas, o por qué ciertos años de mi vida simplemente estaban en blanco. En los últimos años, he aprendido que eso se llama bloqueos emocionales. En el 2017, recién salida del colegio, decidí tomarme un año “sabático” porque, como cualquier adolescente de 18 años, no tenía idea de qué quería hacer con mi vida. Lo único que tenía claro era que quería hacer algún tipo de voluntariado. En mi cabeza sonaba increíble irme a Tailandia a trabajar con elefantes (plan que mi mamá descartó en menos de dos segundos jajaj), así que terminé en Inglaterra, en una organización llamada QEF (Queen Elizabeth Foundation for Disabled People). Ahí trabajé apoyando a life coaches, aunque en ese momento ni siquiera sabía qué significaba realmente ese término… y mucho menos imaginaba las vueltas que daría la vida.
Ese año cambió mi vida. Trabajé con jóvenes con parálisis cerebral que, sinceramente, me enseñaron muchísimo más de lo que yo podría haberles dado. Dejaron una huella en mí de formas que todavía hoy me cuesta poner en palabras. Pero hubo una persona en particular que me tocó el alma: Sally. Su alegría por cosas tan simples como esperarme ansiosamente cada mañana para que le preparara su té y desayuno, o esperar al final de cada sesión para que la llevara de la mano al comedor… me hizo darme cuenta de cuánto damos por sentado. Cosas pequeñas, cotidianas, que a veces ni notamos… para ella lo eran todo. Y eso, wow, te sacude. Vi de cerca cómo la verdadera felicidad no depende de lo que tienes, sino de la capacidad de apreciar y agradecer las pequeñas cosas de la vida. Sally nunca lo sabrá, pero cambió mi vida por completo. Viéndolo en retrospectiva, ella fue una gran motivación —y una razón gigante— para que yo empezara a buscar mi propósito. Fue ahí donde nació en mí ese deseo de convertirme en una mejor persona y de generar un impacto, por más pequeño que fuera, en la vida de los demás.
Más adelante me mudé a Miami con mi familia, y fueron años hermosos pero intensos. Pasamos por procesos fuertes que nos sacudieron, y fue ahí donde descubrimos juntos el mundo del desarrollo personal, la espiritualidad, y la importancia de cuidar no solo el cuerpo, sino también la mente y el alma (porque, spoiler: todo está conectado). Después vino la pandemia y, como a todos, me obligó a frenar, mirar hacia adentro, y empezar a sanar en serio. Ahí fue cuando mi compromiso con este camino se volvió real. Muchas veces esperamos a que la vida nos sacuda para empezar a cambiar… pero si estás aquí, leyendo esto, es porque ya tienes esa semillita del cambio dentro de ti. Y créeme, ese es el paso más importante: querer.
Con el tiempo fui profundizando más en este camino. Siempre tuve claro que quería ayudar, acompañar, hacer algo que tuviera sentido… pero no sabía exactamente cómo. Hasta que hace un año tomé la decisión de empezar mi formación como Integrative Wellness Coach en la Integrative Wellness Academy. Y ahí todo hizo click. Lo que me enamoró de esta academia es su enfoque holístico: enseña la importancia de mantener un balance en las cuatro áreas de nuestra vida—mental, emocional, física y espiritual—y cómo cuando una parte se desbalancea, todas las demás lo sienten también.
Y así llegamos al 2025. Certificada como Master Integrative Wellness Life Coach, con una meta clara: ayudar, aunque sea a una sola persona, a encontrar su propósito, superar sus bloqueos —ya sean físicos o mentales— y convertirse en su mejor versión, para así poder alcanzar todo lo que se proponga.
Si llegaste hasta aquí, de verdad gracias por leerme. Me emociona saber que estás buscando crecer, sanar, sentirte mejor. Porque sí, solo por estar aquí ya estás dando el primer paso hacia esa versión de ti que sueñas ser. Y eso, de verdad, ya lo cambia todo. ✨
